De la granja a la mesa, producción y consumo sostenible

La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 ha demostrado hasta qué punto nos hace vulnerables la pérdida de biodiversidad, así como la importancia crucial de un sistema alimentario que funcione correctamente.

La Comisión Europea adoptó recientemente una Estrategia sobre biodiversidad y una Estrategia “de la granja a la mesa” que se refuerzan mutuamente, ya que aúnan la naturaleza, los agricultores, las empresas y los consumidores en pro de un futuro sostenible y competitivo. Ambas dan prioridad a los ciudadanos en su compromiso de aumentar la protección del suelo y el mar, regenerar los ecosistemas degradados y hacer que la UE lidere la escena internacional, tanto en lo que se refiere a la protección de la biodiversidad como a la creación de una cadena alimentaria sostenible.

La nueva Estrategia sobre la biodiversidad, adoptada durante el apogeo de la pandemia de COVID-19, es un elemento central del plan de recuperación de la UE y reviste una importancia crucial para prevenir y reforzar la resiliencia ante pandemias futuras y brindar oportunidades de negocio e inversión inmediatas a efectos de la recuperación de la economía de la UE.

Por su parte, la Estrategia «de la granja a la mesa» pretende promover un sistema alimentario equitativo, sano y respetuoso con el medio ambiente. Su objetivo es facilitar la transición a un sistema alimentario sostenible de la UE que proteja la seguridad alimentaria y garantice el acceso a dietas sanas con origen en un planeta sano.

APOYO A  LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA

Las acciones previstas en materia de protección de la naturaleza, uso sostenible y regeneración aportarán beneficios económicos a las comunidades locales gracias a la creación de puestos de trabajo y crecimiento sostenibles. Se destinarán 20.000 millones de euros cada año a la biodiversidad a través de diversas fuentes tales como fondos de la UE, nacionales y privados.

Como parte fundamental del Pacto Verde Europeo, la pretensión de ambas estrategias es reforzar la resiliencia de nuestras sociedades ante futuras amenazas como el impacto climático, los incendios forestales, la inseguridad alimentaria o los brotes de enfermedades, en particular apoyando prácticas más sostenibles en la agricultura, la pesca y la acuicultura, y ocupándose de la protección de la fauna silvestre y el comercio de especies silvestres.

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