Babosas de mar, cómo son estos inquilinos del litoral de Barcelona

Un estudio sobre biodiversidad marina ha identificado 73 especies de babosa de mar en el litoral de la ciudad de Barcelona. En ese grupo de moluscos gasterópodos, los que más abundan son las liebres de mar, según el artículo coordinado por el profesor Manuel Ballesteros, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona.

El trabajo es uno de los escasos estudios ecológicos sobre estas especies en ciudades portuarias del Mediterráneo y está publicado en el Butlletí de la Institució Catalana d’Història Natural (BICHN, 2020), una entidad filial del Instituto de Estudios Catalanes (IEC). Son también coautores del estudio los expertos Àlex Parera, de la Facultad de Biología de la UB; Miquel Pontes, del grupo de estudios VIMAR, y Xavier Salvador, del Grupo de Investigación de Opistobranquios de Cataluña (GROC).

La degradación o la destrucción de los hábitats marinos son una amenaza global para la biodiversidad de los heterobranquios. En los ambientes intensamente antropizados, factores como la presión humana sobre el hábitat natural o la eutrofización del medio por residuos urbanos suelen favorecer el desarrollo desmedido de pocas especies. En los hábitats con poca presión humana, el equilibrio natural que se logra se traduce en una biodiversidad más alta y en la estabilidad de las comunidades biológicas a lo largo del tiempo.

En el caso del litoral de Barcelona, el hábitat marino ha sido transformado en buena parte por la acción del hombre, la construcción de muros, diques de cemento, arrecifes, puertos y marinas deportivas, etc., que dan nuevas oportunidades de supervivencia a especies animales que de otro modo no podrían sobrevivir en el lugar original (ni tampoco sus predadores.

De los fondos arenosos a las construcciones portuarias

En general, se han encontrado especies de tamaño pequeño y hábitat nocturno, que se asocian a la fauna de los hábitats en grietas de las rocas y los arrecifes del litoral barcelonés. Los más abundantes son los anaspídeos —las conocidas liebres de mar, que se alimentan de algas— y los cefalaspídeos, que suelen alimentarse de organismos que viven en el barro o en la arena. En el caso de los nudibranquios, que son mayoritariamente carnívoros, su presencia en el litoral barcelonés es escasa y los hallazgos han sido ocasionales.

Muchas especies de heterobranquios pueden encontrarse sobre colonias de hidrozoos, gorgonias o esponjas marinas, es decir, en zonas donde haya una cierta cantidad de fitoplancton y zooplancton para alimentarse. En algunos casos, un exceso de materia orgánica en el medio marino ocasiona una proliferación desmedida ocasional —afloramiento— de algas o briozoos que perjudica la conservación de la biodiversidad de estos moluscos. En cambio, las poblaciones de anaspídeos o de sacoglosos se benefician del abundante crecimiento de algas a poca profundidad, condiciones que se dan en todas las estructuras portuarias (diques, arrecifes, etc.).

Un Mediterraneo cada vez mas Tropical

El cambio climático también está favoreciendo la presencia de especies marinas exóticas en el Mediterráneo procedentes del mar Rojo —a través del canal de Suez— o bien del Atlántico después de atravesar el estrecho de Gibraltar. En ese escenario, el trabajo también identifica la presencia de especies alóctonas —Bursatella leachii y Polycerella emertoni— en el ecosistema marino urbano de Barcelona, pero parece que su impacto ecológico sería prácticamente nulo.

«La liebre de mar Bursatella leachii, con un tamaño destacado y una elevada capacidad de reproducción, podría llegar a constituir un problema en caso de disponer de mucho alimento. Ahora bien, de momento no es el caso, así que se trata de un hallazgo más curioso que problemático. Es una especie que se alimenta de diatomeas y por eso no entra en competencia con especies autóctonas de liebres de mar como Aplysia punctata y Aplysia depilans, que se alimentan de diversas especies de alga», detallan los autores.

Otra especie exótica, la Polycerella emertoni, tiene un tamaño extremadamente pequeño, y está íntimamente relacionada con el briozoo estacional Amathia verticillata, un organismo que suele desplazar la fauna autóctona durante el verano pero que desaparece cuando el agua se enfría.

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