El Convenio de Minamata sobre el Mercurio clave para la salud humana y el medio ambiente

El mercurio se ha extraído y utilizado desde la antigüedad. La gente lo usaba en ceremonias funerarias, en las pinturas de sus casas, como sedante, afrodisíaco y anticonceptivo, en cosméticos, para tratar la sífilis, entre otras funciones. Los alquimistas creían que el mercurio era el componente que le daba a todos los metales su aspecto común.

Las propiedades químicas del mercurio lo hacen popular para muchos usos. Es el único metal común que es líquido a temperatura normal, tiene alta densidad y se fusiona fácilmente con otros metales, como el oro, la plata y el estaño.

Durante las últimas décadas, la evidencia científica sobre el impacto ambiental del mercurio y sus compuestos ha crecido enormemente. Las actividades humanas pasadas y presentes han aumentado las concentraciones totales de mercurio atmosférico en aproximadamente 450% por encima de los niveles naturales (PNUMA, 2019). El mercurio de las actividades humanas ahora se puede encontrar en las áreas más remotas, en mamíferos marinos y peces en el Ártico, y en el fondo de la Fosa de las Marianas, el lugar más profundo del océano.

A pesar de toda esta evidencia, el uso de mercurio continúa: se utiliza para extraer el oro del mineral en cuatro continentes, así como en ciertos productos y procesos industriales en países de todo el mundo. Pero el conocimiento científico no se ha producido en vano.

En 2013, la comunidad mundial adoptó un nuevo tratado, el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, bajo los auspicios del PNUMA. El Convenio lleva el nombre de la bahía de Minamata en Japón con el fin de recordar las lecciones de los trágicos daños a la salud causados ​​por la contaminación industrial por mercurio en las décadas de 1950 y 1960.

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El objetivo del tratado es proteger el medio ambiente y la salud humana de las emisiones y las liberaciones antropogénicas de este metal pesado tóxico. El convenio regula todo el ciclo de vida del mercurio: su suministro, comercio, uso, emisiones, liberaciones, almacenamiento y gestión de desechos y sitios contaminados.

Esta nueva herramienta del derecho internacional entró en vigor el 16 de agosto de 2017, ya cuenta con 123 partes y nuevos países que se unen continuamente.

2020 es una fecha límite importante para el convenio. A fines de este año, las partes deben dejar de fabricar, importar y exportar muchos productos que contienen mercurio enumerados en el texto. Estos productos se usan todos los días e incluyen baterías, interruptores y repetidores, ciertos tipos de lámparas, cosméticos, pesticidas, biocidas y antisépticos tópicos, y ciertos tipos de dispositivos de medición como termómetros y manómetros. También se está eliminando el uso del mercurio en dos importantes procesos de fabricación, la industria de cloro-álcali y la producción de acetaldehído, y se está restringiendo su uso en otros procesos industriales.

La ciencia seguirá siendo fundamental para garantizar la aplicación eficaz y eficiente del convenio. Por ejemplo, sabemos que la minería de oro artesanal y en pequeña escala es el mayor usuario y emisor de mercurio al medio ambiente a nivel mundial. Representó 37% del consumo total y 38% de las emisiones antropogénicas totales en 2015 (PNUMA, 2019).

Aparte del uso intencional de mercurio en procesos y productos, las actividades industriales para producir energía y otros productos básicos son una fuente importante de mercurio que contribuye a la contaminación del aire. Las emisiones de mercurio pueden controlarse mediante una amplia gama de tecnologías y mejores prácticas, incluidas muchas que reducen otros contaminantes del aire al mismo tiempo. Erradicar el uso del carbón también es una medida eficaz.

Durante muchos años, cuatro factores de comportamiento -dietas poco saludables, tabaquismo, uso nocivo de alcohol e inactividad física- fueron citados como los principales factores de riesgo de enfermedades no transmisibles. En 2018, la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas sobre enfermedades no transmisibles incluyó la contaminación del aire como un quinto factor de riesgo. Este tipo de padecimientos, incluidos los respiratorios, son responsables actualmente de la muerte de siete de cada 10 personas en todo el mundo. No debería sorprendernos la correlación entre el nivel de contaminación del aire y el número de casos de COVID-19 (WEF, 2020).

Al implementar el Convenio de Minamata, se está trabajando para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El coral podría regresar a la bahía de Minamata en Japón, que alguna vez estuvo muy contaminada, después de décadas de restauración. Sin embargo, la población de Minamata todavía sufre la intoxicación por metilmercurio ocasionada en el pasado. Reconstruir mejor también consiste en crear un mundo en el que las personas puedan vivir con buena salud durante las generaciones venideras.

Celebramos el tercer aniversario del Convenio de Minamata con el gran entusiasmo de poder decir adiós al mercurio.

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