En los ecosistemas alterados aumentan el riesgo de brotes de enfermedades zoonóticas

La transformación mundial del entorno natural para uso agrícola, ganadero o urbano ha alterado el equilibrio de las comunidades de animales salvajes. Un estudio liderado por varias instituciones británicas ha demostrado que las especies que transportan enfermedades zoonóticas, conocidas por infectar a los seres humanos, se benefician de estos cambios en el uso de la tierra.

Para el estudio, los investigadores accedieron a PREDICTS, una base de datos que recopila información de especies locales de cientos de estudios sobre las comunidades ecológicas, a lo largo de gradientes de perturbación del paisaje, desde la vegetación natural hasta los ecosistemas agrícolas y urbanos.

El equipo utilizó 6.801 localizaciones en todo el mundo para analizar cómo se transforman las poblaciones y comunidades de especies anfitrionas zoonóticas, en promedio, a medida que los paisajes cambian de la vegetación natural, a los ecosistemas agrícolas, de pastos y urbanos.

“Encontramos que, bajo intensidades cada vez mayores de uso de la tierra por parte del ser humano, las comunidades ecológicas se desplazan hasta estar cada vez más dominadas por especies anfitrionas zoonóticas, particularmente en hábitats secundarios (recuperados), administrados (agrícolas y de plantación) y urbanos”, recalca Gibb.

El trabajo, que se publica en la revista Nature, puede servir de ayuda para prevenir futuros contagios de enfermedades originadas por huéspedes de animales. “Hay algunas pruebas de que las nuevas zoonosis [patógenos nuevos y antes no descubiertos] están surgiendo a un ritmo cada vez mayor y que esto puede deberse al aumento de las tasas de impactos impulsados por el hombre en el medioambiente y la biodiversidad”. dice el coautor.

No obstante, estas respuestas dependen de la agrupación de algunas especies en particular: roedores, aves paseriformes y murciélagos muestran una divergencia particularmente clara y fuerte entre las especies anfitrionas y no anfitrionas, mientras que en carnívoros y primates no se detecta, según el estudio.

Seguridad alimentaria

Los investigadores subrayan que es posible que tengamos que alterar la forma en que usamos la tierra en todo el mundo, para reducir el riesgo de efectos de contagio futuros de enfermedades infecciosas.

El cambio global del uso de la tierra se caracteriza principalmente por la conversión de paisajes naturales para la agricultura, en particular para la producción de alimentos. “Nuestros hallazgos subrayan la necesidad de gestionar los paisajes agrícolas para proteger la salud de la población local al mismo tiempo que garantizan su seguridad alimentaria”, apunta Kate Jones, coautora e investigadora del University College de Londres (UCL).

Estas dolencias zoonóticas como el ébola, la fiebre de Lassa y la enfermedad de Lyme, que son causadas por patógenos que se propagan de los animales a las personas y tienen un elevado coste sanitario.  

“El paludismo zoonótico, por ejemplo, se transmite entre primates, mosquitos y personas alrededor de los márgenes forestales en el sudeste asiático. El virus Nipah surgió, por primera vez, en asociación con las interacciones entre el ganado y los murciélagos en paisajes agrícolas. Otra dolencia importante y generalizada es la enfermedad de Lyme, cuya incidencia es a menudo mayor en fragmentos de bosques modificados y en recuperación, donde la comunidad ecológica es particularmente eficaz en el transporte y transmisión de la bacteria”, cuenta Gibb.

Los investigadores subrayan que, si bien hay muchos otros factores que influyen en los riesgos de enfermedad, los resultados apuntan a estrategias que podrían ayudar a mitigar el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas comparables a la COVID-19.

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